jueves, 6 de octubre de 2011

De como expresar los sentimientos "face to face"

Ya que nos estamos acostumbrando a escribir en los fines de semana, o en los albores de los mismos, hoy no va a ser menos. Y para variar de nuevo, nos acompañan los sentimientos y su miedo escénico. Todo desde mi equivocado punto de vista, claro está.

O yo me he perdido los dos últimos años en un platillo volante, o de repente me he vuelto muy tímido. Igual es que con el golpe en la cabeza que me di un 16 de junio me volví tonto directamente. El caso es que, en mis observaciones diarias y trabajos de campo (que se resumen a estar delante del ordenador) estoy observando que los sentimientos se ocultan. Pero se ocultan en su forma verbal, no escrita.

La marabunta de redes sociales, chats, y los desaparecidos emoticonos del messenger son los encargados en la actualidad de expresar lo que sentimos en un momento concreto. Como siempre los ejemplos: con el twitter tenemos una herramienta imprescindible para acotar lo que sucede a nuestro alrededor y lo que estos acontecimientos nos parecen en las tripas. Con la redes sociales típicas tenemos nuestros "estados", en la que la mayoría de las veces colocamos lo que nos gusta y nos produce alegría, aunque haya también mensajes subliminales (en esto el género femenino se lleva la palma), y con los chats podemos meter fichas a diestro y siniestro a alguien que nos guste, podemos poner a caldo sin temor de recibir una hostia o cagarnos en lo más sagrado (todo esto sin control).

Ahora bien..., les debo de confesar, queridos lectores (pocos, muy pocos) que a mi me produce una timidez tremenda hablar por estos medios; y sólo hay una razón que es el no ver la cara de con quien hablo. Da igual si es conocido o no, da igual si mi relación es sensacional o penosa con la otra persona. Cuando hablo con alguien tengo que verle los ojos, la cara, para saber o por lo menos intentar adivinar que piensa de lo que le estoy diciendo. Y no entremos en el terreno del amor..., bastante cuesta face to face como para darle cera desde el teclado. Repito, siempre desde mi punto de vista. Y es que no cambio por nada del mundo la verguenza pasajera y a la vez torera de entrar a alguien, de abordarle porque te ha entrado por los ojos (veáse pasaje anterior de La Luna de abajo: De como sobrevivir en un baile de máscaras). Eso es y será lo más grande.

Amigos en quince días esto no se actualiza a no ser que tenga la imperiosa necesidad de contarles algo. Así que miren a los lados y encuentren lo que les haga feliz.

domingo, 2 de octubre de 2011

De como sobrevivir en un baile de máscaras

Es difícil pero se puede conseguir, y con creces.

Hace unas semanas, en un bar de copas, a altas horas de la madrugada, noté en mi nuca algo que se clavaba de forma muy intensa. No me produjo ningún tipo de dolor, más bien al contrario despertó en mí, calor, bienestar, paz... Fue una sensación que hace mucho que no sentía. Me giré y esos ojos azabache de los que hablo en mis poemas, esos que tanto tiempo he buscado, se estaban clavando en los míos. No recuerdo bien si tan sólo fue un segundo, o toda una eternidad, pero sucedió, y como dice un buen amigo leonés: todo lo que te pasa en la vida, te cambia. Y a mí me cambió, y en ese momento comenzó el baile de máscaras.

He de decir que soy afortunado por encontrar algo que he dibujado entre letras mil veces. Afortunado de pensar tan sólo que los volveré a encontrar, que esas esferas negruzcas se volverán a posar en mí. ¿Es conformarse con poco? No, ni mucho menos. Cuanto menos esperas de la vida, esta más te regala, mejores momentos te hace vivir. Y desde ese destello fugaz, desde ese encontronazo visual, el baile de máscaras prosigue con conversaciones marcadas por la nocturnidad y la alevosía; con guiños de adsl, con minipuntos en el camino (ganados y perdidos), con interés sincero de mirar el reloj y esperar el lunes, el martes..., y así hasta el sábado.

Espero llegar hasta el final de la fiesta y quitarme la máscara carnavalesca, quiero ver esos ojos intensos.

jueves, 29 de septiembre de 2011

De como la música cambia los momentos y los estados de ánimo

Soy una persona a la que le gusta la música, la buena música. Soy una persona que se apasiona cuando oye un buen tema, que lo exprime hasta la saciedad, que lo oye una y otra vez en el coche, en el ordenador, en la minicadena, en el mp3..., hasta desgastarlo de tal manera que pueden pasar meses sin que lo oiga, para que cuando llegue de nuevo a mis oidos, volver a disfrutar aún más si cabe de él.

Y es que pienso que una buena canción, un buen grupo, te puede sacar del profundo sueño en el que vivimos a diario, te puede hacer reaccionar, te puede hacer recobrar la ilusión, la sonrisa...; y no digamos si de ese tema hay una versión en acústico..., me encanta el acústico. Inlcuso canciones mediocres o menos buenas me han sonado como buenas con una gitarra española.

Realmente, no podría vivir sin música, sin esos momentos en los que saboreas las melodías, escudriñas la letra, te imaginas al cantante dándolo todo para que ese tema haga mella en la gente que lo escucha, para que pase un buen momento, para que signifique algo en la vida de las almas que ponen sus oídos. La música es poesía, y la poesía es vida, y la vida son momentos que atesoramos..., que mejor que ponerles una banda sonora a cada uno de ellos. En definitiva, es la pescadilla que se muerde la cola. Todo es música.

domingo, 24 de julio de 2011

De por qué los árboles se mueven y la vida no se detiene

Los árboles se mueven, y la vida pasa lentamente ante nuestros ojos, de forma sigilosa, y no se detiene. Se mueven con el aire, y pocas veces reparamos en cosas como estas. Son esas pequeñas cosas las que componen nuestro universo, las que van haciendo muescas en la cuerda de nuestra existencia.

Ese sigilo en el que no reparamos hace que nuestra vida sea de una manera u otra. Sí un día no pasamos por la misma calle, no bajamos a comprar el pan al mismo lugar, o directamente no vamos a trabajar, es probable que nuestro sentido en este mundo cambie, que descubramos cosas nuevas, gente mejor o peor, que nos enamoremos, que dejemos a nuestra pareja, que seamos aún más felices o que simplemente nos quedemos como estamos.

Es evidente, que si una mariposa agita sus alas en la India, sus efectos se notan a escala global, pero también lo es que si nosotros cambiamos nuestras rutinas, descubramos un nuevo mundo en el que no habíamos reparado hasta entonces. Y son sólo eso..., cosas pequeñas, minúsculas, que pasarán mil veces por delante de nuestros ojos y quizás tengan suerte de que reparemos en ellas una sola vez y cambien nuestra vida para siempre. Hay que abrir los ojos para que no se escapen y desaparezcan igual que vinieron. ¡No pierdan la oportunidad y están ojos avizor!