domingo, 2 de octubre de 2011

De como sobrevivir en un baile de máscaras

Es difícil pero se puede conseguir, y con creces.

Hace unas semanas, en un bar de copas, a altas horas de la madrugada, noté en mi nuca algo que se clavaba de forma muy intensa. No me produjo ningún tipo de dolor, más bien al contrario despertó en mí, calor, bienestar, paz... Fue una sensación que hace mucho que no sentía. Me giré y esos ojos azabache de los que hablo en mis poemas, esos que tanto tiempo he buscado, se estaban clavando en los míos. No recuerdo bien si tan sólo fue un segundo, o toda una eternidad, pero sucedió, y como dice un buen amigo leonés: todo lo que te pasa en la vida, te cambia. Y a mí me cambió, y en ese momento comenzó el baile de máscaras.

He de decir que soy afortunado por encontrar algo que he dibujado entre letras mil veces. Afortunado de pensar tan sólo que los volveré a encontrar, que esas esferas negruzcas se volverán a posar en mí. ¿Es conformarse con poco? No, ni mucho menos. Cuanto menos esperas de la vida, esta más te regala, mejores momentos te hace vivir. Y desde ese destello fugaz, desde ese encontronazo visual, el baile de máscaras prosigue con conversaciones marcadas por la nocturnidad y la alevosía; con guiños de adsl, con minipuntos en el camino (ganados y perdidos), con interés sincero de mirar el reloj y esperar el lunes, el martes..., y así hasta el sábado.

Espero llegar hasta el final de la fiesta y quitarme la máscara carnavalesca, quiero ver esos ojos intensos.

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